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Cartas sin destinatario · 01

Querido Ted:

Por Ted Morsilk

Empezaré esta sección escribiéndote a ti, que eres yo. O sea, a mi mismo. Seré breve.

A lo largo de estos años juntos creo que he sido bastante severo juzgándote. No siempre. A veces he servido de ayuda, encontrando la justificación necesaria o la frase que necesitabas. Siempre he excusado tu inconstancia y la mayoría de tus debilidades, y he conseguido sacarte de algunos momentos ciertamente tensos tirando de humor.

Es fácil llevarse bien y juzgarnos a nosotros mismos favorablemente en los buenos momentos, o aunque sean malos, cuando mantenemos el ánimo alto y la sensación de que estamos haciendo las cosas bien.

Pero me he dado cuenta de que otras veces te he juzgado con severidad justo cuando menos lo necesitabas. Y en vez de cariño, te he regalado pensamientos de derrota.

También me doy cuenta de que cuando juzgaba a los demás severamente en el fondo ese juicio iba dirigido a ti, o sea a mi. Y ahora veo que aunque no me dirigiese a ti directamente, tú (o sea yo) sabías perfectamente que era a ti a quien juzgaba, a través de los otros. Como dijo Jesus: "Con la misma medida que juzguéis, seréis juzgados".

Por todos los juicios, perdón.

Eres digno de cariño, como todos los que me rodean.

Un abrazo y besos.

Yo (o sea, tu).

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